El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

domingo, 21 de marzo de 2021

AFINIDAD Y SENSIBILIDAD.

 





-A veces me parece chocante comprobar la realidad de las cosas, que pareciendo ser de un modo, no resultan luego como tal. Es el caso de las relaciones íntimas entre las personas, en las que la afinidad no significa garantía de continuidad en el mayor de los casos. Por el contrario, aquello que primero nos acerca, que nos permite reconocer en otro lo que sentimos también, se convierte con el tiempo en la diferencia que provoca la ruptura inevitable.


Y el sentir se reveló:


-No es la afinidad, sino la sensibilidad, la que conduce a relaciones duraderas entre las personas. Podemos tener los mismos gustos, los mismos deseos sobre las cosas, pero cada uno mostramos un grado de sensibilidad distinto. Hay quien gustándole mucho el arte musical, no comparte cualquier estilo. Como quien, experto en el placer de la buena mesa, no comería cualquier cosa.
La afinidad permite la búsqueda de la realización personal por medio del reconocimiento de gustos, donde el grupo tiene la importancia primera. Y aunque de ella deriven relaciones íntimas, el compromiso sobre las cosas se diluye en el grupo. La sensibilidad contiene el ingrediente básico para el entendimiento sobre cualquier cosa y empuja hacia el compromiso necesario para las relaciones estables. Por eso es corriente comprobar en personas tan distintas, cómo a pesar de las enormes diferencias de gustos y deseos, son capaces de mantener consensuado un criterio único para todas las cosas y mantenerse unidos en el tiempo.


Nada tiene que ver la sensibilidad con los gustos, con las aficiones comunes. Más bien con el reconocimiento de todas las cosas en una medida posible, razonable y compasiva. La que permite comprometernos en la realización de nuestra personalidad, sin desviarnos de su objetivo por la incomprensión de las diferencias.