El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

jueves, 9 de enero de 2014

NO SABE EL SABIO.







- El conocimiento del sabio no es interesado, pues no aprende para sobrevivir en el mundo, sino para vivir más intensamente en él. Por eso, el sabio reconoce que su saber no le pertenece, ya que del mundo lo ha tomado, y que su única misión es vivir según lo aprendido y ser guía y luz de otros seres que también buscan intensidad en su existencia.



















Quien vende su saber no es sabio, pues se olvida de la norma y cree saberlo todo, por lo que tendrá que pagar cada vez que necesite del conocimiento de otros, que como él, venden para sobrevivir sin intercambiar.















Mundo de técnicos, de expertos, perdidos en la inmensidad de lo que no es su especialidad, de lo que aún no han aprendido.
Mundo presuntuoso que necesita de profetas falsos, incapaces siquiera de explicar el pasado, y que dictan cómo comportarnos en el futuro que añoramos.










Como pluma transportada en el regazo del viento perezoso y juguetón vive el sabio; recorriendo en soledad espacios quizás visitados, quizás sentidos; más, ya sólo dependiente de su peso ligero, de su volatilidad. 
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