El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

miércoles, 24 de junio de 2015

LO QUE SOMOS.






 Somos genes - reveló el sentir -, encadenados eslabones de esencias vitales que propician destinos. Hecho posible por la mutación irrepetible de la materia, que se transforma para trasmitir a la vida la energía que contiene.
Y no, no cambiamos con el paso del tiempo. Al contrario, afianzamos más nuestra peculiaridad de un modo u otro, las más de las veces sin darnos cuenta. 
Hay quien pasa su vida buscándose, para ello se viste cada día distinto y mira cada vez a un lado cuando camina para comprobar si es reconocido, cuando a sí mismo no se distingue.
Otros quieren probarlo todo en la vida, esperando que no se les escape el más pequeño de los bocados, sin apreciar que no todo esta hecho a su medida, y ellos, ni siquiera preparados para aceptarlo. ¡Cuántos se han perdido buscando en la infinidad de las cosas, sin saber que llevaban dentro el motivo de su búsqueda!  

Fácil es reconocerse, difícil aceptarse.
De la aceptación de uno mismo, tanto en el defecto como en la cualidad, estriba nuestro conocimiento. De él deriva siempre el resultado de las acciones futuras. Sin aceptación personal es casi imposible comprender los resultados, aprender de ellos para evolucionar en el sentido adecuado a nuestro modo, a nuestra forma de ser y de sentir.

En la convivencia obligada nos perdemos fácilmente, pues, olvidándonos de nosotros mismos, de nuestra perspectiva natural, impronta y criterio, intentamos antes reconocer a los demás para adaptar convenientemente nuestra respuesta a lo que creemos haber descubierto en ellos, y dejamos de ser lo que somos realmente para aparentar lo que queremos ser.

Lo que somos nos hace felices cuando nuestro deseo de ser uno mismo, incluso con todas sus contradicciones y limitaciones, es reconocido como tal por los demás. Se habrá debido entonces a que hemos mostrado al mundo nuestro verdadero rostro. Nadie se fía de una imagen falsa, interesada más por el reconocimiento ajeno que por el propio.

















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