El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

domingo, 1 de julio de 2018

EL SABIO, EL MAESTRO Y EL PROFESOR.














-El sabio lo es tanto por lo que dice como por lo que calla -. Afirmó el sentir.


-Entonces, el sabio no debe replicar al necio que tergiversa y niega su saber -. Dijeron las palabras.


El sabio no tiene que demostrar su valor, sabe que no puede cambiar la necedad por iluminación con un razonamiento, pues sólo la experiencia demuestra lo aprendido y sin ella todo se afirma o se niega. Y no se igualará al necio en la prepotencia de su saber, porque es comprensivo. La comprensión es el fundamento de su razón .


-Pero así ¿cómo puede el sabio ser maestro?


-El sabio no se debe a la enseñanza, sino al aprendizaje. Hay muchos sabios desconocidos que sólo viven para comprender lo que conocen y conocerse a sí mismos. No así el maestro, que se debe a la enseñanza, por lo que primero habrá de ser sabio.




-¿Y cómo reconocer al buen maestro?


-Primero será necesario distinguir entre maestro y profesor. Existen muchos falsos maestros, mercaderes del conocimiento cuyo fin último es el lucro personal.

El maestro vive para enseñar, mientras que el profesor enseña para vivir.

El maestro elige a sus discípulos, no así el profesor, que no puede elegir a sus alumnos.

El maestro no evalúa a sus discípulos, sino que pone a prueba con la enseñanza sus valores únicos y especiales sin tomar partido, sin preferencias. El profesor valora los conocimientos aprendidos sin experimentar, creando distinciones y diferencias desde el primer momento

El maestro trata a cada discípulo como un todo, dejando con su enseñanza huella diferente en cada personalidad para crear distintas corrientes de pensamiento.

El profesor considera a cada alumno como parte de un todo indiscutible, disgregando cada elemento discordante para asentar su escuela, siempre en competencia activa con otras.

El maestro cuenta desde el principio con la admiración y fidelidad de sus discípulos, a quienes dará libertad de pensamiento y de acción para fomentar sus valores personales sin temor a ser cuestionado por ello

. El profesor deberá ganarse la confianza de sus alumnos, para lo que tendrá que lidiar entre la autoridad y la manipulación para conseguirlo.


El maestro enseña a escuchar, a pensar y a ser, a actuar y a decidir; el profesor fija enseñanzas aprendidas.
El maestro nace para serlo, el sabio se hace a sí mismo y al profesor lo forma el sistema.












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